CRÓNICAS PERSONALES, CUBA

ESCAPANDO DEL DOLOR

Hace unos días un amigo me dijo que dejara de escribir de Cuba, que dejara atrás todo y reiniciara mi vida en el sitio donde vivo ahora. Que olvidara todo lo que siento y pienso de esa isla que quedó a mis espaldas cuando un avión me fue arrancando segundo a segundo del país que me vio nacer. Quizás tiene razón, quizás solo deba olvidarme de dónde vine y centrarme en los derroteros que me quedan por andar. Tengo tantas cosas que vivir a partir de este instante que, según él, sería tonto aferrarme a lo que dejé al otro lado del océano.

Pero duele saber que las cosas que te hicieron marchar, partir, abandonar, desatender, son las mismas que hoy sufren mis otros amigos; esos que no volveré a ver en mucho tiempo solo porque no son compatibles los modos de pensar y actuar que tengo con el de aquellos que juegan a gobernar con un cetro en la mano, como aquel personaje de El Principito que se creía poderoso solo porque “ordenaba” atardeceres y amaneceres. Mi amigo sabe que hoy Cuba es un país que tiene más problemas que soluciones, que el próximo 24 de febrero no aprobará la versión actualizada de una Constitución estalinista del siglo XXI, sabe que en el instante que pueda tomar un avión y partir lo hará sin temores y está conciente de que su voz, por más que grite, no vale para nadie.

Ese estado de ánimo, totalmente apático, es el que hoy permite a los cubanos vivir como monjes dentro de una abadía, lanzando plegarias a un Dios que los ha abandonado a su suerte y a Vírgenes que no solucionan nada con sus lágrimas y estigmas. Ese sentimiento de enajenación es el mismo que les permite nadar en las aguas de la obediencia y la rebeldía mientras fingen estar de acuerdo con cada locura de un emperador ebrio de poder.

Así sobreviven mis amigos a las penurias de un sistema que no tiene límites a la hora de lanzar sus gritos de guerra contra cualquiera que se atreva a pensar a contracorriente. Y entre el temor a ser escuchados y la decepción de que su voz no trascienda las cuatro paredes de su habitación pasan las hojas del calendario esperando un milagro que tiene fecha de caducidad anticipada.

Mi amigo, allá en La Habana, cada mañana se levanta a discutir con el transporte para ir de un extremo al otro de la ciudad buscando lo que han decidido llamar salario. Cada día cuando se pone el sol regresa a su pequeño cuarto en Lawton para suspirar al cerrar la puerta y saberse usado por jefes oportunistas y funcionarios corruptos. Mi amigo llora en silencio al sentirse impotente por no tener en sus manos lo que se merece como un humano digno. Grita por dentro cada vez que tiene que ir al centro médico más cercano, y aunque es gratis, siente que le hacen un favor. También al poner la cabeza sobre la almohada vuela lejos, a miles de kilómetros de su cama, para imaginarse desandando por un país donde hablar bajito sea una señal de educación y no de miedo.

Me hizo prometer que un día volveríamos a sentarnos en el malecón para reírnos de los que pasen. En ese pedazo de concreto hicimos de las calurosas noches nuestra escapada fortuita de un país que termina justo donde posábamos nuestros traseros. Con la mirada en el oscuro horizonte imaginamos en silencio navegar hacia un rumbo desconocido que intentara ser mejor que el presente.

Mi amigo se quedó sentado en el muro y como sé que no alzará su voz para que su realidad sea otra, ya sea porque cree que no vale la pena o porque estos no son tiempos de mártires, quiero hacerlo por él; y por los otros amigos que se acuestan cada noche con la esperanza de que al despertar amanecen en un nuevo país.

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4 comentarios en “ESCAPANDO DEL DOLOR”

  1. Un buen escrito, salido del alma…tu distes el paso, derrotas te al tirano, no le hiciste el juego y ahora vives en otro país fortaleciendo tus ideas….en su momento tu amigo desde el malecón reconocerá tu lucha y esos que sospechosamente te hablan de desistir sentirán vergüenza de no haberte seguido.

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  2. Excelente post, como nos tienes acostumbrados. Es bueno aprovechar la oportunidad que tienes de expresarte. Siempre habrá quien no esté a favor de lo que planteas, incluso los amigos no siempre estarán de acuerdo 100% contigo.
    Realmente a mi también de duele que te hayas tenido que ir para sentir un poco de libertad. Pido que de alguna manera tu batalla, aunque sea desde la distancia tenga efectos. (Martí desde el exilio fundó un Partido, logró conciliar opiniones, planificó una guerra que tuvimos practicamente ganada {según mis pocos conocimientos de Historia….}). Entonces Chirinin, no importa desde donde se luche por un país mejor, es mejor luchar desde cualquier trinchera, que quedarse inmovil (como lo estamos casi todos, entre los cuales me incluyo).
    Un abrazo bien fuerte

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