EE.UU.

Orlando me hace pensar

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2117650En estos tristes días en que el tema “homosexualidad” sale a la palestra pública una vez más leo una noticia de Telefe que comenta del proyecto “Necesitamos más besos”. Según la propia nota “La idea es fomentar las muestras públicas de afecto, con el fin de ayudar a normalizar la vida y las relaciones homosexuales ante los ojos del público en general porque está demostrado que el aumento de la visibilidad conduce a una mayor aceptación”, así lo explicó en un comunicado la Cámara de Comercio Gay Lésbico Argentina (Ccglar), una de las organizaciones que apoyan esta campaña.
Preguntas para reflexionar: ¿A cuántos mientras de la comunidad LGTBI les gustaría la idea? ¿Realmente sería la sociedad no homosexual la gran homófoba? ¿Cuántas veces no vemos a los propios homosexuales censurándose o limitándose a mostrar el afecto que se sienten? ¿Por qué una pareja del mismo sexo tiene que ir separada y no de la mano si así lo desea? ¿Por qué tanta represión?

Orlando no es el centro de la homofobia. Pulse no es la discoteca mas gay. Facebook no es el único escenario para denunciar la violencia. Este fenómeno es solo la punta del iceberg que inunda a una sociedad aterrada por lo diferente. Pudo ser Nigeria, Madrid o La Habana donde un loco decidió jugar a ser Dios y acabar con la vida de aquellos que él considero innecesarios sobre la faz terrestre. Pero fue ese pueblo norteamericano donde ocurrió la desgracia. Hoy solo queda levantar la mirada hacia el futuro. Enseñar a nuestros hijos a aceptar lo diverso del mundo y sus encantos, respetar al otro u otra, aprender a convivir a pesar de las diferencias, amar al prójimo, son algunas ideas que nos ayudaran a construir ese presente mejor que nos llevara a un futuro perfecto. No te parece que estamos a tiempo aun de lograr ese objetivo.

¡Cuán fácil es ser víctima de la intolerancia! Ser “el otro” te puede mantener al margen de las reglas y normas sociales preestablecidas por alguien en algún momento y con algún pretexto. Ser “el otro” te puede costar muy caro; y el precio: tu vida. Nadie tiene derecho a señalar con el dedo a quienes intenten llevar su vida como deseen. El amor y la felicidad no discriminan. ¿Cómo hacer de este mundo un lugar más tolerante con “el otro”?

 

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